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sábado, 12 de noviembre de 2011

5-Para que tú me oigas...

Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.

Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Amame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.


viernes, 18 de septiembre de 2009

10 de Septiembre

El olor del frío de la madrugada
Y las quimeras con las que un poeta vaga.
A tu lado, sintiendo los latidos
Mientras la charla y los sueños fluyen.
Persigamos las nubes de este cielo oscuro,
Guardemos las estrellas de esta noche de septiembre.
Ojalá nunca te fueras, ojalá nunca me fuera yo.
Estos versos libres, como el alma del viento,
Esos ojos tuyos, profundos y sinceros,
Esos labios que me dejan sin aliento
Y las palabras tuyas que me envuelven.
Me abrazas y me enamoras al mismo tiempo,
Como una cascada me vuelco hacia vos.
Pretendo robarte un momento,
Un minuto, un año para los dos.
Que la luna nos mire
Y el invierno nos hiele la cara
Mientras nos decimos adiós.