Me quedo absorta en mis pensamientos, que son como una marea; me adentro en cuestiones que me importan. Al azar toco un lugar del mundo y camino su suelo al instante...soy más que este cuerpo, soy libre. Las limitaciones físicas me imponen, a veces, un rigor, en cambio la grandeza que me fue dada me supera. La bajeza en la que caemos se eleva cuando descubrimos la grandeza en nosotros, y vivo mil sensaciones distintas en un momento. Soy más que ésta carne que hoy me contiene y ciertamente más que las leyes a las que se someten todos los cuerpos. La dicotomía de la grandeza, la sublimidad dentro de un cuerpo simple y limitado por sus propias decisiones.
Puedo ser quién quiera ser, puedo llegar adonde soñé; para lo que sueño no necesito dinero, no lo puedo comprar... sólo creer. Lo esencial de mi existencia, no se vende en ningún lado, se cree, tal como lo haría un niño.
El desafío es vivir mi vida con sus regalos y sus obstáculos. No importa lo mucho que intente, hay cosas que no pueden ser cambiadas, como los gestos en mi cara, las lágrimas que caen de mis ojos, el viento que sopla cada día, la intensidad o la hora de la lluvia, las sensaciones al mirar en los ojos de las personas.
Quiero tener un día sin planes ni agendas, no quiero saber que hacer. Quiero dejarme llevar por los aromas, el murmullo de las hojas y las voces de la gente que canta su propia canción.
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